Un análisis de datos nacionales de salud de 2013 a 2018 reveló que los adultos estadounidenses de 65 años o más con hipertensión, insuficiencia cardíaca o accidente cerebrovascular experimentaron disminuciones significativas en su salud cardiovascular. La investigación, publicada en el Journal of the American Heart Association, utilizó las métricas de Life's Essential 8 de la American Heart Association para evaluar la salud cardiovascular.
El estudio analizó información de 3.050 adultos mayores, representando a 37.908.305 personas a nivel poblacional. Los puntajes de salud cardiovascular se calcularon en una escala de 0 a 100, donde menos de 50 indica salud baja, 50-79 moderada y 80 o más alta salud cardiovascular. Las personas sin enfermedad cardiovascular tuvieron un puntaje promedio de 68, mientras que aquellas con condiciones cardiovasculares registraron puntajes por debajo de 60.
Entre 2013 y 2018, los puntajes de salud cardiovascular disminuyeron aproximadamente 4,1% en personas con hipertensión (de 59,6 a 57,1), 11,5% en aquellos con historial de accidente cerebrovascular (de 60,6 a 53,6) y 15,2% en personas con insuficiencia cardíaca (de 60,9 a 51,6). La brecha en salud cardiovascular entre personas con y sin enfermedad cardiovascular parece explicarse principalmente por diferencias en presión arterial y actividad física.
James M. Walker, coautor del estudio, señaló que "la actividad física y los puntajes de presión arterial tendían a ser muy bajos para las personas con enfermedad cardiovascular". En promedio, los participantes con una enfermedad cardiovascular tuvieron un puntaje de Life's Essential 9 puntos menor que aquellos sin enfermedad cardiovascular. Los investigadores enfatizan la necesidad de proporcionar apoyo más temprano en la vida para ayudar a la población anciana a mantenerse más saludable por más tiempo.
Stacey E. Rosen, presidenta voluntaria de la American Heart Association, destacó la importancia de seguir los elementos de Life's Essential 8 desde edades tempranas, incluso desde la niñez. Rosen, quien no formó parte de este estudio, subrayó que "es fundamental que reconozcamos que nuestra población que envejece está creciendo rápidamente" y que se deben identificar formas de apoyar a estos individuos mayores con información y recursos.
Las limitaciones del estudio incluyen su diseño transversal, que no puede probar causa y efecto, y el examen de solo seis tipos de enfermedad cardiovascular. Los datos provienen de la National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), que recopila información sobre salud y nutrición en comunidades de todo Estados Unidos. La composición racial de los participantes fue 79,9% blancos, 7,2% negros, 3,4% asiáticos, 3,9% mexicanos, 3,3% otros hispanos y 2,4% de otras razas.
Estos hallazgos establecen una base para futuras investigaciones sobre cómo las tendencias de salud cardiovascular pueden haber cambiado en adultos mayores estadounidenses con condiciones cardiovasculares, particularmente en el contexto posterior a la pandemia de COVID-19. El estudio destaca la urgente necesidad de intervenciones dirigidas a mejorar la actividad física y el control de la presión arterial en poblaciones geriátricas con enfermedades cardiovasculares preexistentes.

