Jerry Lewis, nativo del condado de Shelby, ha transformado su exitosa carrera en la industria de la construcción en un ministerio de servicio integral que abarca desde Texas hasta comunidades internacionales. Con más de dos décadas liderando proyectos de construcción en todo el estado, Lewis desarrolló su empresa desde modestos comienzos hasta una operación multimillonaria que incluía desde centros comerciales hasta propiedades de lujo.
Sin embargo, Lewis siempre ha mantenido que su historia nunca ha sido sobre negocios, sino sobre vocación. Como expastor, dejó tanto el púlpito como su empresa para dedicarse a lo que describe como "ministerio de tiempo completo en la vida cotidiana". Esta decisión lo ha llevado a cruzar fronteras, desde ayudar a misioneros a construir instalaciones en México hasta asesorar proyectos comunitarios en Ghana.
La filosofía de Lewis se centra en la creencia de que la fe debe vivirse, no solo hablarse. "El ministerio no comienza a las 11 a.m. del domingo", afirma. "Comienza en el estacionamiento, la obra o la mesa de la cocina. Dondequiera que esté la gente, allí es donde Dios se aparece".
Actualmente, Lewis está aplicando su experiencia para ayudar a una congregación que enfrenta la posible pérdida de su propiedad debido a un proyecto del Departamento de Transporte de Texas. Ofreciendo su orientación pro bono, Lewis sirve como su defensor, ayudándoles a navegar negociaciones continuas para asegurar una compensación justa y preservar su capacidad para continuar operando.
Su capacidad para combinar lo práctico con lo espiritual lo ha convertido en una guía confiable para congregaciones que navegan tanto por construcciones como por crisis, llevándolas no solo a través de presupuestos y planos, sino hacia soluciones que protegen su ministerio. En el hogar, Lewis es igualmente intencional como padre devoto de tres hijos, recordándoles constantemente que la estabilidad familiar es parte del testimonio personal.
En cada temporada, Lewis ha buscado mantener una misión en el centro: servir fielmente, animar a otros y recordar a la gente que Dios está cerca. Para algunos, es un constructor; para otros, un mentor; para muchos, un amigo. Pero para Jerry Lewis, los títulos importan menos que el testimonio: una vida vivida para los demás y para la gloria de Dios.

