El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha pedido una transición global acelerada y equitativa para alejarse de los combustibles fósiles durante un debate sobre transición energética en Belém, Brasil. Al hablar en una Mesa Redonda sobre Transición Energética celebrada días antes de que comience la conferencia climática COP30, Guterres enfatizó que, aunque la transformación energética es inevitable, la implementación actual carece tanto de la velocidad necesaria como de la equidad entre naciones desarrolladas y en desarrollo.
El Secretario General destacó avances significativos en la adopción de energías renovables, señalando que en 2024, las fuentes renovables representaron aproximadamente el 90% de la nueva capacidad de generación eléctrica añadida en todo el mundo. La inversión en tecnologías de energía limpia alcanzó aproximadamente 2 billones de dólares, superando la inversión en combustibles fósiles en 800.000 millones de dólares. Aunque describió este aumento como una "revolución de las renovables", Guterres subrayó que el impulso actual sigue siendo insuficiente para cumplir los objetivos climáticos.
Los planes nacionales actuales de acción climática, si se implementan por completo, aún resultarían en un calentamiento global que se aproxima a 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales. Esta trayectoria garantiza un aumento de inundaciones, olas de calor extremas y sufrimiento humano generalizado en todas las regiones. Para limitar el calentamiento a 1,5 grados, las emisiones globales deben reducirse casi a la mitad para 2030, lograr cero emisiones netas a mediados de siglo y alcanzar emisiones negativas en las décadas siguientes.
Guterres delineó cinco áreas críticas para el enfoque gubernamental durante la transición a las energías renovables. Primero, los países deben reestructurar los marcos legales y los sistemas económicos para apoyar el desarrollo de energía limpia, poniendo fin a los subsidios que reducen artificialmente los costos de los combustibles fósiles. Segundo, los gobiernos deben colocar a los trabajadores y comunidades en el centro de la planificación de la transición, especialmente aquellos que actualmente dependen de las industrias del carbón, petróleo y gas. Los programas de formación y las oportunidades de empleo alternativo serán esenciales, con especial atención a los jóvenes y mujeres que enfrentan un alto riesgo de desplazamiento.
El desarrollo de infraestructura representa la tercera área prioritaria, requiriendo un avance rápido de las redes eléctricas, sistemas de almacenamiento de energía y mejoras de eficiencia para mantenerse al ritmo de la expansión de energías renovables. Cuarto, la nueva demanda eléctrica de centros de datos y sistemas de inteligencia artificial debe ser alimentada exclusivamente por fuentes limpias, en lugar de aumentar la dependencia de la generación convencional. Las tecnologías emergentes deben apoyar los objetivos climáticos en lugar de socavarlos mediante un consumo energético adicional.
El apoyo financiero para las naciones en desarrollo constituye la prioridad final. África actualmente recibe solo el 2% de la inversión global en energía limpia, a pesar del enorme potencial renovable y las necesidades de desarrollo del continente. Guterres enfatizó que los países en desarrollo requieren una cooperación internacional, flujos de inversión y transferencia de tecnología sustancialmente aumentados para implementar efectivamente sus compromisos de transición de combustibles fósiles. Los marcos de apoyo deben tener en cuenta las diferentes capacidades nacionales y los distintos niveles de dependencia existente de combustibles fósiles.

