La Comisión Ciudadana de Derechos Humanos (CCHR) de Florida está confrontando el legado persistente del racismo en las prácticas de salud mental mediante una jornada de puertas abiertas de un mes que examina los enfoques discriminatorios históricos hacia las poblaciones minoritarias. El evento, con el tema "¿Está vivo el racismo hoy?", explorará cómo el racismo sistémico ha permeado el diagnóstico y tratamiento psiquiátrico.
La evidencia histórica revela patrones profundamente preocupantes de sesgo racial en las profesiones de salud mental. Figuras influyentes como Benjamin Rush, considerado el "padre de la psiquiatría estadounidense", propagaron teorías pseudocientíficas que sugerían que la piel negra era una enfermedad. Los psiquiatras diagnosticaban a los individuos esclavizados que deseaban libertad con una condición fabricada llamada "Drapetomanía", recomendando "tratamientos" violentos como respuesta.
Las ideologías impulsadas por la eugenesia de psicólogos y psiquiatras prominentes deshumanizaron sistemáticamente a las poblaciones minoritarias. Investigadores como Lewis Terman argumentaron explícitamente que se debía impedir que "mexicanos, indios y negros" se reprodujeran, mientras que otros profesionales como Margaret Sanger respaldaron la esterilización como medio para controlar la demografía racial.
Las manifestaciones contemporáneas de estos sesgos persisten, con datos que muestran que los niños afroamericanos e hispanos en distritos escolares predominantemente blancos son clasificados desproporcionadamente como "con discapacidades de aprendizaje" y posteriormente se les recetan medicamentos psicoactivos. Estas disparidades continuas demuestran la influencia persistente de las prácticas psiquiátricas racistas históricas.
CCHR ha investigado las influencias racistas en la salud mental desde 1969, documentando cómo estas ideologías han impactado eventos globales desde el Holocausto nazi hasta el apartheid y los ataques culturales contra poblaciones indígenas. La organización argumenta que reconocer y confrontar estos sesgos sistémicos es crucial para lograr una armonía social genuina.

