Leslie Nelson, líder en energía e infraestructura con más de 25 años de experiencia en GE Angola, GE Ghana, GE África y New Fortress Energy, ha identificado cinco mitos persistentes que, según ella, están desorientando a las partes interesadas y ralentizando el progreso en los desafíos energéticos de África. Nelson afirma que estos conceptos erróneos desvían la atención de soluciones prácticas y viables que podrían mejorar inmediatamente el acceso y la fiabilidad eléctrica para millones de personas.
El primer mito que aborda Nelson es la creencia de que África carece de recursos energéticos. Ella contrarresta que las escaseces de energía provienen de problemas de acceso e infraestructura, no de suministro. El África subsahariana recibe algunas de las mayores irradiaciones solares del mundo, y el continente posee vastas reservas de energía eólica, hidroeléctrica y gas natural. Nelson enfatiza que la región tiene "abundancia de gas natural y escasez de energía", y que las iniciativas de gas a energía tienen un potencial significativo para cerrar la brecha de infraestructura. El paso práctico que recomienda es que individuos y comunidades aprendan sobre los recursos locales y exploren opciones solares a pequeña escala o mini-redes.
El segundo mito es que la energía confiable debe ser costosa, a menudo reforzada por la dependencia de generadores diésel. Nelson señala que los generadores pueden costar dos o tres veces más por unidad de energía que la red eléctrica o la energía solar. Reemplazar el diésel con energía solar o gas puede reducir los costos en un 40 por ciento o más. Ella aconseja realizar un seguimiento de los gastos mensuales de combustible y mantenimiento y compararlos con alternativas como energía prepaga o sistemas solares compartidos.
Nelson cuestiona el tercer mito de que las grandes redes nacionales son la única solución viable. Si bien las redes grandes a menudo se ven como el enfoque "adecuado", ella destaca que las mini-redes y los sistemas fuera de la red ya proveen energía a millones de personas. Estas soluciones descentralizadas son más rápidas de implementar y más rentables para áreas rurales y periurbanas. "No se trata de construir lo más grande", señala Nelson. "Se trata de construir lo que funciona. Conectar estas mini-redes será el ingrediente secreto del éxito".
La cuarta idea errónea es que los problemas energéticos son principalmente técnicos, centrados en equipos e ingeniería. Nelson argumenta que los factores humanos son igualmente críticos, donde la capacitación, el mantenimiento, los sistemas de facturación y la aceptación de la comunidad local determinan el éxito de un proyecto. "He visto buenos proyectos fracasar porque nadie fue capacitado para desarrollarlos, financiarlos y operarlos", dijo. Apoyar programas de capacitación local y fomentar habilidades básicas de mantenimiento son pasos accionables que las comunidades pueden tomar.
El mito final que Nelson desacredita es que los individuos no pueden marcar la diferencia en la resolución de problemas energéticos, que a menudo se perciben como dominio exclusivo de gobiernos y grandes corporaciones. Ella sostiene que las acciones individuales en educación, concienciación y pequeñas elecciones influyen colectivamente en la adopción y las políticas. Nelson específicamente pide apoyo e inversión en Desarrolladores de Proyectos de Energía calificados, afirmando: "La falta de Desarrolladores de Proyectos calificados y financiamiento en etapas iniciales sigue siendo un obstáculo para el progreso".
El análisis de Nelson llega en medio de desafíos significativos. Según datos del Banco Mundial citados en el comunicado, más de 600 millones de personas en el África subsahariana aún viven sin electricidad, y la energía poco confiable le cuesta a las empresas un estimado de $28 mil millones anuales. Las implicaciones de superar estos mitos son sustanciales, afectando el crecimiento económico, la creación de empleo, la atención médica y la educación. Al cambiar el enfoque de debates teóricos a soluciones prácticas y localizadas, y abordando tanto las brechas técnicas como las de capital humano, las partes interesadas pueden acelerar el progreso hacia un futuro energético más confiable y accesible para África.

