La abogada de inmigración Maribel A. Pizá enfatiza que la historia de los inmigrantes en Estados Unidos es una de contribución, resiliencia y esperanza, no solo de supervivencia. Desde las granjas que alimentan al país hasta los sitios de construcción que edifican las comunidades y la innovación que impulsa la economía, los inmigrantes han sido hilos esenciales en el tejido de la nación. Su labor, espíritu y creencia en el sueño americano son realidades diarias que enriquecen a todos, no ideales abstractos.
Sin embargo, Pizá señala que la conversación nacional sobre inmigrantes a menudo se enmarca en el miedo en lugar de los hechos. Aunque reconoce que ninguna comunidad está libre de fallas y que puede haber algunas "manzanas podridas", argumenta que centrarse en las excepciones en lugar del bien abrumador distorsiona la realidad. La abogada afirma que la gran mayoría de los inmigrantes contribuye incansablemente a la economía, la cultura y el sentido de humanidad compartida.
Como abogada de inmigración, Pizá testimonia el heroísmo silencioso de padres que sacrifican por sus hijos, jóvenes que luchan por una educación contra todo pronóstico y familias que trabajan arduamente para labrar un futuro con dignidad y seguridad. Estos individuos no son amenazas para Estados Unidos, sino la esencia misma del país, según su perspectiva.
Pizá plantea un principio más profundo: cómo Estados Unidos elige liderar en el escenario global. La nación se ha visto durante mucho tiempo como un faro de libertad y derechos humanos, señalando a países que violan libertades fundamentales. No obstante, cuando niega el debido proceso a inmigrantes en sus propias cortes y centros de detención, o cuando no honra la garantía constitucional que aplica a "personas" y no solo a "ciudadanos", socava su autoridad moral.
La Constitución de Estados Unidos, en su sabiduría, no establece distinciones en sus protecciones básicas. Las Enmiendas Quinta y Decimocuarta se refieren a "personas", no a "ciudadanos", lo que no es accidental. Los Fundadores entendieron que la justicia debe ser universal para significar algo. Aplicar selectivamente el debido proceso traiciona tanto el espíritu como la letra de la carta legal más sagrada, argumenta Pizá.
Si Estados Unidos condena a otros por violar derechos humanos en el extranjero mientras excusa violaciones similares en casa, cuestiona qué dice eso sobre la nación. ¿Lidera con el ejemplo o se convierte lentamente en lo que afirma oponerse? El peligro radica en volverse indistinguible de aquellos a quienes critica. La respuesta, según Pizá, no es retirarse al miedo o endurecer los corazones, sino elevarse por encima y modelar la compasión y la empatía que siempre han sido las verdaderas fortalezas de Estados Unidos.
En esta encrucijada, la nación debe decidir si honrará su Constitución y compromisos morales o se convertirá en lo que una vez resistió. Pizá cree que Estados Unidos es más fuerte cuando permanece compasivo, tratando a los inmigrantes no como estadísticas o chivos expiatorios, sino como seres humanos merecedores de dignidad y debido proceso. El mundo observa, y la abogada insta a ser el ejemplo que inspire, no la advertencia que otros usen para justificar sus propios abusos. Para más información, visite https://maribelpizafl.com.

